sábado, 17 de diciembre de 2011

Visitantes: Iris

Iris

Esta semana de visita en La pista de hielo del zócalo capitalino 2011 platicamos con una chica (Iris) de la delegación Iztacalco del D.F., quien se encontraba en ese lugar porque se había quedado de ver con una amiga de un CETis que todavía no llegaba… Así, en lo que llegaba su amiga platicó un rato conmigo:

¿Por qué se quedaron de ver aquí en el zócalo tu amiga y tú?

Pues porque queríamos dar el rol aquí en la pista, obviamente que ya no a patinar porque ya son las 2:00 p.m. y ya no alcanzamos lugar, pero queríamos ver qué había aquí para venir otro día temprano.

Y, ¿ya viste alguna actividad que te agrade?

Pues no, la estoy esperando para eso, pero sí vi las guerras con hielo y los muñecos de nieve y otros juegos que se ven a los lejos… (Ella se encontraba en el árbol navideño del zócalo.)

Aparte de los juegos que ves, y si pudieras elegir otros para que estuvieran aquí, ¿qué pondrías tú?

Mmnn… pues yo pondría muchos juegos extremos jajaja… Bueno es que a mí me gustan los juegos de adrenalina. Pondría un juego que simulara una avalancha, más juegos de guerras de nieve, un tobogán gigante de hielo… ¡ah!, ya me lo imaginé, estaría bien chido que hubiera los juegos que me imagino…

Claro, todos soñamos con esos juegos que a pesar del tiempo y la edad no dejan de gustarnos. Y hablando de ello, ¿cuál es el mejor recuerdo de tu infancia que tienes?

Pues son varios, mi familia es unida y grande, somos tres hermanos y vivimos con mis tíos. Pues recuerdo muchos, siempre con mis primos; con ellos me la pasaba jugando y cuando había reunión nos ponían concursos de baile y canto, nos daban premios y regalos a todos.

¿Te gusta la navidad?, ¿qué te gusta o qué no te gusta de ella?

Pues mira no me gusta porque tienes que comprar algo a fuerza, y me gusta porque me la paso con mi familia y eso está bien chido.

Lo que no me gusta es eso de que te digan en la tele o en la escuela que hay que dar un regalo por ser navidad, yo creo que hay que dar un regalo cuando te nace hacerlo, no sólo ese día; es como el día de san Valentín, no sólo hay que regalar ese día, hay que demostrar el cariño día a día ¿no? (Risas de ambas)

Y me gusta por la convivencia con mi familia, la casa se llena, vienen otros tíos y todos nos la pasamos muy bien. Yo más (risas).

Y, bueno para finalizar, si se te pudiera cumplir un deseo en este instante ¿qué pedirías?

Felicidad. Sí, me gustaría ser feliz siempre, creo que sin ello nada se puede hacer bien.

Gracias por la entrevista

Finalmente llego su amiga y se fueron a recorrer los atractivos de La pista de hielo 2011.

Entrevistó: Claudia Ivette Rojo

Foto: Diana Mendoza

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿QUÉ NO TIENES DONDE ENTRETENERTE?


¡Las vacaciones de fin de año han llegado! Y con ello miles de niños, y no tan niños se encontrarán en busca de esparcimiento o por lo menos en busca de algo entretenido que realizar, y como casi siempre sucede, el dinero es el primer obstáculo, y pensando en eso, esta alma bondadosa les trae una recomendación que no podrán ignorar, ya que como siempre, uno quiere estar ad hoc, y para estar acorde con este ambiente invernal, lo que les sugeriré es que nos vengan a visitar al zócalo de la ciudad de México y disfruten de la pista de hielo que el Gobierno de la Ciudad de México ha montado para los que deseen un poco de diversión.

Les hago esta recomendación, porque suele pensarse al patinaje en hielo como algo elitista,o sea, como algo que sólo practica cierto grupo de personas, esto quizás aunado al costo, la ubicación de los mismos, tal vez el tiempo, en realidad no lo sé, sólo lo supongo (como dice Mario Benedetti); pero dejando los divagues, es bueno saber que esto no es así, debido a que hoy, esta actividad puede ser practicada por cualquier persona que así lo desee, está al alcance de niños y adultos, no importando si no saben patinar, ya que dentro de las instalaciones hay monitores capacitados, que con suma amabilidad les mostrarán de una forma divertida la forma de lograrlo.

Aunque si lo suyo lo suyo no es la patinada, pues no se preocupen, porque se ha pensado en todo, de tal manera que se han creado otras atracciones, entre las que puedo mencionar las siguientes:

· El árbol navideño, ¿Por qué es una atracción? Bueno, pues porque a un costado del mismo se encuentra una especie de pedestal en el cual uno posa y se lleva la foto del recuerdo con el bellísimo árbol detrás, esto con la ventaja de salir sin esa multitud de personas que en algún momento puede resultar hasta incomoda.

· Actividades infantiles. Se llevan a cabo algunas actividades para los niños, por ejemplo, hay un equipo parecido a un martillo, en el cual el infante se sube a una bicicleta y dependiendo de cuan fuerte sea el pedaleo, es el balanceo de éste. A un lado, se halla una carpa en la que los chicos pueden realizar diversas actividades recreativas con distintos materiales, todos ellos acordes con la navidad.

· Presentaciones culturales. En este ámbito, la variedad es amplia, ya que es un espacio destinado a conciertos, obras de teatro, etc.

Por el momento es lo que les puedo comentar, y sólo me queda decir que vengan con tiempo, para que así su visita sea placentera y satisfactoria, aunque ya ha sido comentado anteriormente, lo vuelvo a decir por cualquier duda, el horario de la pista es de 9:00am a 9:00pm y el acceso es totalmente gratuito. Así que esperamos verlos por acá.

Angélica Cortés- Redacción, Guille y Diana Mendoza- Foto.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Una tarde-noche en la pista de hielo, Plancha del Zócalo, cd. de México




Una tarde-noche en la pista de hielo, Plancha del Zócalo, cd. de México.

Se dice que una imagen vale más de mil palabras, ¿no?. Pero qué tal cuatro imágenes, pues dicen más de cuatro mil. Entonces sólo diré que esta pista de hielo del Zócalo de la cd. de México está causando mucha alegría en muchos, desesperación en otros y en algunos... nada.

Las cosas y gestos que uno ve cuando va a la pista de hielo para observar lo que está sucediendo dentro y fuera del gran prisma rectangular de hielo es muy variado, ya que cada uno tiene una visión diferente de lo que ve y siente estando dentro de la pista, pero otros se quedan con las ganas de pistear (del verbo patinar en una pista) un rato y desearían sentir que es caerse en ese "piso helado" o se quedan con las ganas de sentirse que están bailando el "baile de los cisnes", pero la pena o el ¿qué dirán?, no los deja sacar el niño que llevan dentro. A todos aquellos que prefieren calentar los asientos de las tribunas a calentar el piso de la pista con sus caídas, aunque estén ahí los chicos del INJUVE a ayudar a las personas a patinar no falta aquél que se le caiga o se le resbale uno que otro...

Pues a todos aquellos que están sentados observando como los demás se divierten, los invito a que se formen por lo menos unos 40 minutos si van en domingo como a las 5:00 de la tarde a sentir la experiencia de patinar sobre un gran bloque de hielo. Y pues los que estaban dentro de la pista pues... pues ellos ya se divirtieron.

Pues, ¿qué más podría contarles por ahora? pues lo mero bueno vendrá cuando la chamaquiza salga de vacaciones y esta pista parezca transborde de la estación de metro Hidalgo de la línea azul de Taxqueña-Cuatro Caminos con la verde de Universidad-Indios Verdes a las 7:00 am. Pero aún así estarán formados sus 2 ó 3 horas como en las filas del parque de diversiones de las seis banderas para poder divertirse sólo un momento, unos pocos minutos, pero en la pista de hielo son 20 minutos; por lo tanto vale la pena la espera.

Bueno mi gente querida y mis hermanos mexicanos, a disfrutar de la pista aunque sea un rato que para eso la puso su jefe de gobierno, obvio no fue él ¿verdad?, sino todos sus trabajadores, pero en fin...

¡A divertirse!


Fotos: Liliana Sánchez López (Lily )
Texto: José Antonio Morales Castillo ( Bax )

Extraños visitantes



¡Qué tal mi estimada prole!... es decir, pueblo, ¡no!, audiencia conocedora de lo bueno, no se vaya usted a creer que soy de ésos que andan definiendo a la gente por reírse de un evento realmente cómico y absurdo; si usted es capaz de leer a este humilde narrador parlanchín, créame, tiene un lugar en mi corazón.


Pero no me lo vaya a tomar a mal —no es que yo esté diciendo como vivir su vida—, pero por favor —se lo ruego—, haga caso a mi consejo: no tome su Sukrol con leche, no hace efecto y luego uno anda metiendo la pata y la familia hasta le anda ayudando a embarrarse más.


Bueno me estoy desviando del tema del que hoy les voy a contar, fíjese mi adorado que cumplí mi amenaza de volver a la pista de hielo que se encuentra en el mero corazón de esta hermosa —y, como dije la vez anterior: sobrepoblada— Ciudad de México.


Figúrese usted que estuve ahí en las gradas por un tiempo casi indeterminado —la verdad fueron como 15 minutos… en lo que terminaba mi helado de $20—, pero ya no sabía ni adónde mirar, a cualquier lado que fisgaba: gente y más gente, y del otro lado: demás gentío.


El caso mi estimado es que estuve muy cerca de morir, asfixiado entre tanta parentela, —me refiero a la sangre chilanga que todos tenemos corriendo por las venas, no me vaya usted a malinterpretar— y sobre todo por la desesperación y ansia de encontrar a mi enemigo, hasta que encontré un buen lejos1 —créame muy, muy lejos— de un jovencillo fuerte.


Porque será el sereno y la tía de las muchachas pero la impresión que me dejó aquel jovenzuelo fue que practicaba algún deporte pesado, y posiblemente podía correr por las mañanas para aumentar su condición física. Además de que tenia la complexión particular de mi antagonista, que debe tomar dos que tres pastillas para agrandar el músculo —bueno, no me vaya a creer lo último, quien soy yo para juzgar a la gente.


El fin de esta nueva anécdota, mi querido(a) lector(a) es que me le acerque lo más sosegado posible, sin saber lo que más tarde le habría de pasar a mi queridísima persona; pues estaba a punto de llegar a donde estaba el adolescente musculoso, y sin percatarme de las miradas que me seguían a cada paso, me fui acercando delicadamente al joven.


La primera cosa que le dije fue: “disculpe por molestarlo, joven, pero, ¿sería tan amable de decirme dónde reside?”, por supuesto que el fornido chico me miró con una cara de sorpresa y curiosidad, pero yo fui el que salió más confuso de aquella conversación, ya que no me lo esperaba.


Me respondió con un acento muy particular y una aguda voz, como si la parte de la entrepierna la tuviera muy ajustada —para que usted, leyente, se haga a la idea de la sutil voz—, me respondió “¡ay, querido!, ¿qué, acaso ni un cafecito?”. Pues así fue que la confusión que me invadió, me incitó a mover los pies y patinar para poder salir de aquel alejado lugar donde se encontraba el robusto extraño.


Pero lo que le contaré enseguida, mi estimado, es sólo algo que quedará entre nosotros —es decir, usted y yo—. Pues verá, me sentí completamente ultrajado, ya que el joven me manoseó toda mi parte trasera debajo de la espalda y diciendo con esa vocecita “mínimo despídete.” Y se fue patinando a toda prisa, me sentí como el objeto de burla de algunas personas que vieron tremenda escena. Pero preferí salir corriendo de ahí y no regresar jamás.


Pero a la mañana siguiente, cuando competía nuevamente con mi contrincante mañanero, decidí volver a visitar a tan tremendo hielo colocado en la plancha de la ciudad. A ver qué nos espera para la próxima.


Sin más que contarle hasta el momento, me despido mi queridísimo, estimado y amado público.


1. De acuerdo con la Fundación del Español Urgente México (Fundéu México), basándose en la Real Academia Española; un buen lejos se refiere: Vista o aspecto que tiene alguien o algo mirado desde cierta distancia. http://goo.gl/HbSmg


Atentamente: Jeh


Autora: Adriana Hernández Nieto

martes, 6 de diciembre de 2011

Relatos de diciembre: Duelistas


¡Buenas!... ¿tardes?, ¿noches?... Disculpe mi amado(a) lector(a), no sabré a qué hora leerá usted esta palabras, pero por favor reciba este cordial saludo correctamente: dama encantadora, señorita joven, escuincle educado, caballero distinguido –hago hincapié otra vez en elegir adecuadamente.

Pues verá, le contaré en pocas palabras –créame, lo trato de hacer– una “pequeña” historia que me ha pasado últimamente mientras salgo a correr… ¿A correr?, se preguntará usted; pues sí, fíjese que meses atrás fui al consultorio médico por una pequeña molestia en el codo, el doctor me mandó hacer un sinnúmero de estudios y una sacadera de sangre –además de dinero– sólo para que el muy señor matasanos me dijera que mi condición física estaba peor que deplorable, así que salí de aquel lugar con un dolor terrible en el codo y una rutina diaria de ejercicios, entre ellas: correr.

Bueno, ahora que ya le expliqué el porqué de conseguir un cronómetro, levantarse temprano y ponerse tenis, –y una que otra vez cambiarse el pijama por unos pants– le puedo contar a lo que iba desde el principio.

El primer día que empecé con esto de correr –que debo aclarar, fue dos semanas después de caminar por un periodo de 30 minutos, ¡sin detenerse!– mi agonía –por no decir entretenimiento personal– comenzó. Verán ustedes, mi amado público –que sigue leyendo semejante parloteo, y créame… ¡continuara!– el día que me dignaba a comenzar con la rutina de correr, algo inesperado apareció delante de mí: ¡un encapuchado! –que así, sin darme una cachetada con guante blanco y retarme como dios manda– me incitó con esta desgracia de competir con él a diario.

Así es mi querido leyente, ahora ya sabe el porqué de mi anécdota, usted es el(la) primero(a) en saber de mi desdicha. Cada mañana que salgo a correr, ahí está, esperando a que acelere mi singular paso y ver quién es el que aguanta más número de vueltas al parque. –He mencionado anteriormente, mi querido(a) compañero(a) de lectura, que mi condición física es por demás nefasta, y como apenas comienzo, no rindo mucho. Me pregunté por varios días si sería parte de mi imaginación, o era que el contendiente olía mi competitividad derramándose en el sudor que despido, y fuera por eso que me eligió.

Pero días después me pregunté cómo sería mi rival encaperuzado –que he de aclarar, nunca le he visto la cara, lo único que se llega a ver debajo de esa capucha es una barba bien rasurada y, sobre todo, poblada– en la vida cotidiana; pues verá, mi pregunta se respondió en este día, o por lo menos he querido imaginar que es la repuesta a mi pregunta.

En la competencia que se llevó a cabo en este día, salí un poco lastimado –no se preocupe, mi amado público, nada de gravedad, es sólo una pequeña lesión que tuve de niño que se resiente cada vez que me esfuerzo de más–, pero para no faltar al duelo de mañana decidí cuidarme con unos vendajes para no esforzar el aguado músculo. Así que me fui a la calle de Allende a comprarme lo que necesitaba para atenderme y, sin percatarme, mis pies me fueron llevando al hermoso –y sobrepoblado– Zócalo capitalino de la Ciudad de México –¡semejante redundancia!.

Bueno, auditorio conocedor de lo bueno –no sé por qué me sigue leyendo– no me había percatado de la pista de hielo, hasta que una señora gorda –no crea usted que soy de ésos que se andan fijando en la complexión física de los demás, no, para nada– me grito: ¡Cuidado!, ya que estaba a punto de atropellarme con tan semejantes chaparreras –vuelvo a reiterar, no soy de ésos– por quererse meter a la fila que estaba entre vallas, ¡claro!, para poder patinar en la susodicha blanca y helada antes mencionada.

Pero lo que pasó después me dejó completamente perplejo. Ahí estaba el rival de todas mis mañanas, el encapuchado, iba con la señora que estuvo así de matarme. –Y no crea, mi amada audiencia, que por lo robusta que estaba, sino por el susto que me provocó.

La verdad mí querido, soy un mentiroso, no sé realmente si era él, pero tenía un aire –sobre todo porque iba cubriéndose la cara con el gorro de su chamarra– pero había algo que no encajaba, parecía un mandilón de primera; ya que la señora muy quitada de la pena le dijo: “a ver como le haces, pero yo quiero mi coca ahorita, ¡y córrele antes de que avance la fila!”. No me quede el tiempo suficiente para ver la cara del sumiso cuando regresara –de quién sabía dónde– con la coca-cola en manos.

Pero sé que mi archirecontraenemigo no es ese tipo de personas que se deja gobernar por nadie–por lo menos, quiero imaginarlo así– fíjese mi adorado, que después de ver tan rápida escena, me imaginé al rival de rivales en la pista, buscando a la persona adecuada con la cual podía competir, como lo hace conmigo cada mañana; pero posiblemente me este debrayando de más… ¿o no?

Piense por un momento mi apreciado amigo(a), que mi enemigo esté ahí, retando a un sin número de personas y, al fin, pueda verle cara, tal vez ésta sea mi oportunidad de conocer la cara de la maldad –disculpe mi estimado, divagué de más– posiblemente me dé otra vuelta a la pista de hielo, nada más para ver qué me encuentro, hasta luego mi queridísimo, respetable y amado público, gracias por leer tanta labia escrita de mi parte.

Atentamente: Jeh


Autora: Adriana Hernández -- Memorias de tu Ciudad; Narrativa

Fotografía: Diana Mendoza -- Memorias de tu Ciudad; Fotografía

domingo, 4 de diciembre de 2011

Pista de Hielo : Inauguración (3 de diciembre)


LUCES POLICROMÁTICAS DIERON INICIO A LA NAVIDAD EN D.F.

El día 3 de diciembre de 2011 se inauguró la pista de hielo del zócalo capitalino, a la cual podrán asistir gratuitamente desde el día de hoy hasta el 7 de enero, con un horario de 10:00 a 20:30 hrs.

La fiesta navideña estuvo llena de luces pirotécnicas, de música y del espectáculo artístico a cargo de las patinadoras de la escuela de San Gerónimo, el cual embelleció la noche al ritmo de valses clásicos y de coloridos vestuarios que hicieron de la presentación un atractivo visual, que dejó con la boca a abierta a muchos de los asistentes.

El clímax de evento fue cuando el Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrad, y su esposa, Rosalinda Bueso, en medio de una alfombra roja, inauguraron “La Magia de la Navidad 2011”. El mandatario resaltó que la pista, que estará en el Zócalo por el periodo navideño, es una de las más grandes del mundo. Finalmente deseó para todos un magnifico año 2012 y se encendieron las luces de los edificios: flores de nochebuenas, velas y esferas alumbraron las fachadas de los históricos edificios que circundan la Plaza de la Constitución. La iluminación de ellos tuvo el toque de luz final con el encendido del árbol navideño, con más de 50 mil foquitos amarillos que iluminaban la vista de los miles de ciudadanos que se dieron cita esa tarde.

Fue así como la fiesta de luz, música y patinaje da la bienvenida a la Navidad en la capital de México, esperando que muchas personas visiten la ciudad y tengan acceso a este tipo de entretenimientos, que serán gratuitos para todos.

¡No olviden visitar la mega pista navideña y asistir a los espectáculos que se ofrecerán en la ciudad en esta temporada!

Claudia Ivette Rojo Hernández

Memorias de tu Ciudad

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